Desde el puente de los sueños: la alegría de dar

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Nunca me olvido de una anécdota que me sucedió en mi primera aventura misionera de Chihuahua. En la Sierra, teníamos por costumbre pedir el diezmo por las aldeas. Esto no significaba que nos tenían que dar el 10% de sus ingresos, no. El diezmo que nos daban solía consistir en un bote de ejotes (alubia verde), o de durazno, o un guare (canasta tarahumara) lleno de elotes de maíz. Algunos, los menos, incluso nos obsequiaban con un costal completo de maíz desgranado. El caso es que gracias a lo que nuestra gente nos regalaba podíamos seguir sirviéndoles y comprar llantas de repuesto para la camioneta, gasolina, y diversas composturas. Y, ¿cómo no?, tener algo que echarnos a la boca en los largos desplazamientos.

En una ocasión en que andábamos recogiendo las ayudas, le pedí a mi compañero que se saltase una de las casas. “Está mucho más cateada (necesitada) que nosotros”, le dije. Ya nos íbamos alejando cuando una anciana nos siguió gritando: “Padrecitoooooo, ustedes no tienen derecho a quitarme la alegría de dar”. Y se nos presentó con un guare de mazorcas en las manos. Es costumbre que los ricos dejen a los pobres “repasar” la finca de maíz, quedándose con las poquitas mazorcas que se dejan los recolectores profesionales contratados. Y eso es lo que había hecho la viejecita: piscar (recoger) una finca, estropeándose las manos porque las mazorcas cortan, para ofrecernos su diezmo.

Nunca se me ha olvidado. Allí descubrí lo cierto que es el que uno es más feliz dando que recibiendo. Y es que los ojos de la anciana brillaban de felicidad.

La vida me lo ha ido confirmando con diversas experiencias. Curiosamente, parece que son siempre los más pobres los más generosos.

Mis sobrinos Laura, Ana y Javier, fueron a visitarme a Sierra Leona, y se me ocurrió ir con ellos de paseo a una cascada que formaba una piscina natural de piedra en la montaña. Es un paraje muy hermoso. Pedí a Medo, Fatu y Yamasa que me acompañasen para que pudiesen compartir su cultura y sus tradiciones con ellos. Además, Medo, tiene una vista privilegiada para distinguir las mambas verdes (serpiente muy venenosa) en la espesura. Les encanta reptar por los matorrales buscando nidos de pájaros para comer las crías o los huevos. Y una mordedura a la altura del cuello suele ser mortal.

Nos habíamos preparado unos bocadillos deliciosos de jamón y de chorizo recién traídos de España para comer. Estábamos en ello cuando llegó un grupo de niños que se sentaron cerca de nosotros para contemplarnos. Siempre es un espectáculo digno de ver el encontrarte con 4 blancos en una aldea del interior. Con toda la naturalidad, Medo, Fatu y Yamasa partieron sus bocadillos y los compartieron con los niños. Se dieron cuenta de que yo los miraba con curiosidad y Yamasa me dijo: Grandpa, ellos también tienen hambre.

Fue Laura la que comentó: tío, tenemos mucho que enseñarles, pero ellos a nosotros también. Y, por la noche, en el porche, daba una ternura infinita ver a los niños partir un dulce con los dientes en cuatro partes para que llegase para todos. Lo dicho, que da muchísima más alegría el dar que el recibir. Sólo había que oír la risa de los niños al partir el caramelo.

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Desde el puente de los sueños: el respeto

Equipo

Nunca he entrado al trapo para contestar a cualquiera de las tantas sandeces que uno se encuentra a diario en facebook. Y digo sandez en su pleno significado: despropósito, necedad, simpleza, tontería, estupidez, majadería, gansada, vaciedad. De todos los significados,  me quedo con el de “vaciedad”, porque se tiene que tener muy vacío el corazón y el cerebro (ambos), para escribir lo que hoy me encontré. Dice así: El corona-virus demostró que necesitamos menos misas y más educación, menos curas y más médicos, menos iglesias y más hospitales. ¡Y se queda tan ancha! Así que hoy, y solo por esta vez, voy a entrar al trapo. Intentaré que sea la última. Sigue leyendo

Desde el puente de los sueños: siempre amanece

Visitando enfermos

En los momentos de mi vida en los que no encontraba la salida, cuando era tan crudo el invierno que no era capaz de ver la primavera que guardaba en sus entrañas, me repetía como un mantra unos versos del poeta costarricense Jorge Debravo: “en el punto más negro de la noche, comienza a amanecer”. En estos momentos, somos nosotros los que debemos hacer que amanezca. Y lo cierto es que, a excepción de algunos apocalípticos, la mayoría tenemos esperanza y algo nos ha cambiado por dentro. Nos pasa en las situaciones límite. Uno no sabe la capacidad de subsistencia que tiene hasta que la vida te duele en el alma. Sigue leyendo

Desde el puente de los sueños: Miedo

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Hoy es uno de esos días en los que uno no sabe de qué escribir: ¿Del coronavirus? ¿De las manifestaciones feministas? Se ha escrito y dicho tanto que muy poquito podemos añadir a no ser nuestra modesta opinión acerca de tal bombardeo de imágenes y de noticias.

Mi mente no para de darle vueltas a la experiencia sufrida en Sierra Leona en el 2014 con el virus Ébola. En un intento de controlar la enfermedad, el Sr. Presidente Bai Koroma impuso un toque de queda de tres días sobre la población, del 19 al 21 de septiembre. Durante este período, se crearon equipos de vigilancia comunitario del ébola y voluntarios autorizados fueron de puerta en puerta ofreciendo información de cómo prevenir la enfermedad. Yo fui uno de ellos en la zona de Kamabai. Y me tocó correr de aldea en aldea llevando arroz a las personas aisladas debajo de un mango.  Según un informe de la OMS, el 21 de septiembre la capacidad del país para tratar casos de enfermedad por el virus se reducía a tan solo 532 camas. Era desesperante no tener lugar donde llevar a los que sufrían los primeros síntomas. El 25 de septiembre, el Presidente decretó en tres distritos: Port LokoBombali y Moyamba un toque de queda y se dejó que el virus hiciese su selección natural.​ Su mortalidad oscilaba entre el 75% y el 87%. Yo, por aquel entonces vivía en el distrito de Bombali, y no hay palabras para describir lo vivido.

La tasa de mortalidad del coronavirus ha oscilado entre el 1.4% y el 3.4%. Y la gran mayoría de los fallecidos han sido personas de avanzada edad. Sin embargo, los medios de comunicación nos han sembrado el miedo en nuestro corazón. Y algunos obispos ya se han hecho eco: no dar la comunión en la boca, no darse las manos en el padrenuestro, suprimir el signo de la paz en las eucaristías…. Me quedo con el escrito de Pascal Roland, obispo de Belley-Ars, perteneciente a la provincia eclesiástica de Lyon:Esta crisis mundial presenta al menos la ventaja de recordarnos que vivimos en una casa común, que todos somos vulnerables e interdependientes, y que ¡es más urgente cooperar que cerrar nuestras fronteras! Además ¡parece que todos hemos perdido la cabeza! ¿Por qué de repente enfocar nuestra atención sólo en el coronavirus?  ¿Por qué ocultarnos que cada año, en Francia, la banal gripe estacional afecta a entre 2 y 6 millones de enfermos y provoca alrededor de 8.000 muertes?  También parece que hemos eliminado de nuestra memoria colectiva el hecho de que el alcohol es responsable de 41.000 muertes por año, mientras que se estima en ¡73.000 las provocadas por el tabaco!”. Sin comentarios.

Mientras tanto, las mujeres se manifiestan pidiendo justicia e igualdad, que está muy bien. Ya es hora que la sociedad se tome en serio tanto abuso y femicidio. Alguien escribió que la mujer es la última pincelada de la creación, esa que da el artista orgulloso de su obra. Y así debe de ser. Leí, a mi llegada a México hace ya 43 años, un slogan pintado en una pared que decía que la mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo. También que el respeto al derecho ajeno es la paz (Benito Juárez). Y que respeto significa que tu libertad termina donde comienza la mía. Por eso me quedo perplejo cuando se justifica la violencia, el destrozo, el odio, el aborto, el mal gusto…como vía para conseguir la igualdad. Como muestra un botón, en Hermosillo, México, se asaltó la catedral durante la celebración de la eucaristía, en la que también había mujeres, gritando y exigiendo justicia e igualdad. Supongo que todas, las de un lado y otro de la puerta, tienen derechos que merecen ser respetados.

Me escribieron por chat que la no-violencia nunca consiguió nada. Sin querer entrar en polémicas, ahí les comparto esto:

Si bien la “no violencia activa” se originó metodológicamente con Gandhi en la India, él la denominó ‘satyagraha’, es decir, «resistencia civil más ética».

Se pueden mencionar múltiples promotores de esta metodología de lucha, entre ellos presidentes y laureados premios Nobel por sus esfuerzos, entre otros: León Tolstoi de RusiaAlbert Einstein de AlemaniaMartin Luther KingJames Bevel y Gene Sharp en los Estados UnidosAndrei Sakharov de la Unión SoviéticaLech Walesa de PoloniaVaclav Havel por ChecoslovaquiaNelson Mandela y Desmond Tutu en SudáfricaAdolfo Pérez EsquivelMario Rodríguez Cobos en ArgentinaClotario Blest en Chile.

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Desde el puente de los sueños: la bondad

U.S. Agents Take Undocumented Immigrants Into Custody Near Tex-Mex Border

Alguien ha escrito que hay tres tipos de personas sin las cuales el mundo, como decía Bernanos, comenzaría a tiritar: las personas buenas, las personas humildes y las sabias. Una de las facetas más características de Jesús de Nazareth era la bondad. Bondad traducida en pasar siempre haciendo el bien, también a los pecadores. Nunca justificó el mal, pero hizo todo lo posible porque la persona se ilusionase de nuevo y volviese a la vida. Sigue leyendo