Desde el puente de los sueños: el respeto

Equipo

Nunca he entrado al trapo para contestar a cualquiera de las tantas sandeces que uno se encuentra a diario en facebook. Y digo sandez en su pleno significado: despropósito, necedad, simpleza, tontería, estupidez, majadería, gansada, vaciedad. De todos los significados,  me quedo con el de “vaciedad”, porque se tiene que tener muy vacío el corazón y el cerebro (ambos), para escribir lo que hoy me encontré. Dice así: El corona-virus demostró que necesitamos menos misas y más educación, menos curas y más médicos, menos iglesias y más hospitales. ¡Y se queda tan ancha! Así que hoy, y solo por esta vez, voy a entrar al trapo. Intentaré que sea la última.

Las personas, esas imprescindibles de las que habla Bertolt Brencht, a las que de alguna forma quiero honrar con este artículo, aparecen en la foto que lo acompaña y son, de izquierda a derecha: Javier Murúa, Rene González, Natán Redondo, Javier Atienza y un servidor. Falta otro ateazo de pro del que os hablé en el artículo anterior: Federico Gerona. Y Gonzalo Crespo con Alicia. En la fotografía susodicha hay más ateos y agnósticos que cristianos, pero eso sí, el cariño y el respeto mutuo hacen que nuestra amistad sea inquebrantable. Y yo, cuando rezo, le pido a Dios que  ponga en mi camino ateos como ellos. ¡De los otros, líbrame, Señor! Lo dije, lo digo y lo diré siempre: su amistad me honra. Me he permitido escribir sus nombres y apellidos, a pesar de que sé que a ellos no les va a hacer ninguna gracia, pero si se les da tanto bombo a los necios, ¿por qué no dárselo a los que realmente merecen la pena por su bondad?  Os los presento.

Javier Murúa, tuvo la genialidad de casarse con Almudena Imhof en Sierra Leona en los tiempos del Ebola. Podían haberse casado en donde les apeteciese, pero querían que lo hiciese su amigo Grandpa, que así me llaman allí. Y lo hicieron en la aldea de Bumbam, dando de comer a más de 700 invitados de las aldeas vecinas. Junto con su familia, y en honor a su madre, dirige  la Fundación Maga que se dedica, entre otras cosas, a promover la educación de los niños más desprotegidos. Tanto Camboya como Sierra Leona dan fe de ello. Con los ingresos íntegros de las ventas del vino de la Fundación (a propósito, también la botella aparece en la fotografía a mano derecha), me ayudaron a construir 2 escuelas para 350 alumnos cada una, y un pozo en cada una de ellas. También financiaron la educación universitaria de muchachas sin recursos. Y siguen promoviendo la educación en ambos países.

Rene González, fue mi hermano y compañero en los momentos  más duros de mi vida. A sus risas y su apoyo les debo el haber podido soportar el dolor por tanta muerte, sobre todo de niños, sin sentido. A pesar de sufrir su padre un infarto, decidió quedarse y seguir ayudando. Se jugó la vida transportando a personas con fiebre sin saber siquiera donde podía dejarlas, porque el hospital estaba cerrado. Es Iglesia viva y misionera.

Natán Redondo, director de Enfermería del Clínico de Valladolid, antes supervisor del servicio de Urgencias Pediátricas del centro del Sacyl, durante 5 años ha dedicado una gran parte de sus vacaciones a echarnos una mano en la misión de Kamabai. Su agnosticismo no le impedía leer las lecturas en la misa dominical, ni ejercer de testigo en la boda de su amigo Javier Murúa. Me enseñó algo que nunca olvido, que con una mano se cuida y con la otra se cura.

Javier Atienza, otro de mis ateos predilectos, me ayudó en la misión hasta que el gobierno prohibió atender pacientes en los centros de salud sin el equipo necesario contra el Ebola. Entonces, colaboró en el hospital Emergency de Freetown, siendo el único cirujano del centro hospitalario. A partir de ahí: Afganistán, Somalia, Centro África, Palestina… Como veis, todos ellos lugares donde ni el turismo de aventura se asoma.

De uno de los que faltan en la foto, de Federico Gerona, ya os hablé. Nadie ha llorado tanto la muerte de un religioso, Manuel Viejo, que murió en el hospital Carlos III de Madrid por causa del Ebola, que mi ateo Fede.  Y murió por ayudar a dar a luz a una niña de 15 años en Magbeseneh. Su amistad era sincera y profunda, porque los dos se admiraban y se respetaban. Eso sí, uno era religioso hospitalario y el otro dice que es ateo.

Gonzalo Crespo y Alicia son maxilofaciales de Valladolid e incondicionales. Mi gente en Sierra Leona decía que hacían milagros, porque devolvían la sonrisa a quien había sido apedreada desde niña por bruja (labio leporino). La pena es que no daba tiempo para todos los milagros que se necesitaban.

Celebrar el 7 de agosto, mi cumpleaños, con todos ellos en Viana, Navarra, junto con mi familia, porque también ellos lo son, es un regalo.

No les hablo mucho de Dios, pero a Dios le hablo de ellos cada día. Todos son excelentes personas, tan excelentes que, como os dije antes, lo que hace inquebrantable nuestra amistad es el respeto mutuo. Precisamente lo que no tiene quien hizo la publicación en Facebook. Y tampoco parece, a pesar de no perder su tiempo en ir a misa, que brille por su educación.

Una respuesta a “Desde el puente de los sueños: el respeto

  1. Para que voy a hacer cometario,quién se quiera enterar , está claro.-Solo agradecerte la información, que merece la pena saber que existen esas personas.!que personalmente, no tengamos necesidad de pedir su ayuda. Sería una buena suerte que así fuera

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