Desde el puente de los sueños: la bondad

U.S. Agents Take Undocumented Immigrants Into Custody Near Tex-Mex Border

Alguien ha escrito que hay tres tipos de personas sin las cuales el mundo, como decía Bernanos, comenzaría a tiritar: las personas buenas, las personas humildes y las sabias. Una de las facetas más características de Jesús de Nazareth era la bondad. Bondad traducida en pasar siempre haciendo el bien, también a los pecadores. Nunca justificó el mal, pero hizo todo lo posible porque la persona se ilusionase de nuevo y volviese a la vida.

La Madre Teresa de Calcuta repetía como un mantra este pensamiento: “que nadie venga a vosotros sin que pueda irse mejor y más feliz. Sed la viva expresión de la bondad de Dios; bondad en vuestro rostro, bondad en vuestros ojos, bondad en vuestra sonrisa, bondad en vuestras palabras”.

Le he dado vueltas estos días a estos pensamientos después de oír a uno de los detenidos del Processing Center que “uno de los oficiales de la patrulla fronteriza ICE, me salvó la vida en el desierto”. En los tiempos que vivimos en la frontera y en los que se demoniza tanto a inmigrantes como a los agentes, yo mismo he mirado con cierta antipatía a las personas que cumplen su trabajo, el trabajo que el País les ha encomendado de vigilar la frontera. Y, como todos, me he enfurecido al ver imágenes de algunos agentes que usaban su uniforme y su poder para amedrentar a los detenidos. Pero, gracias a Dios y a pesar del ruido que hacen esos hechos negativos, son muchísimos más los que realizan su trabajo con profesionalidad, e incluso con bondad. No debe de ser fácil hacer cumplir la ley y mirar a los ojos de quien arriesgó su vida en el desierto buscando una mejor vida para su familia.

Siempre habrá policías buenos y policías malos, abogados buenos y abogados sin escrúpulos, maestros buenos y maestros sin vocación. Sacerdotes serviciales, y sacerdotes que abusan y explotan a sus ovejas corriendo cuando el lobo las ataca. No importa el uniforme que cubra tu piel, puedes seguir siendo bondadoso, porque la bondad habita en el corazón. Y puedo asegurarlo porque conozco y me honro con la amistad de algunos oficiales que asisten a mi parroquia.

Hoy, antes de celebrar la Eucaristía para los detenidos, una muchacha me entregó una carta de una compañera a la que le habían concedido asilo, para que se la leyese a todas. Dice así:

“Primero que todo, quiero agradecerle por la labor que hace en este centro de detención donde muchas de nosotras nos sentimos muy solas. Yo estuve aquí 4 meses y, a pesar de no ser el mejor lugar, me siento agradecida con Dios por ponerme aquí, pues me enseñaron muchas cosas buenas. Lo más doloroso era pensar en mis hijos y en los que les pudiera pasar. Por las noches me sentía perdida, pero Dios nunca me soltó de su mano. Hoy quiero despedirme por medio del Padre José Luis de todas ustedes. Les deseo la mejor de las suertes. Sea cual sea, dejen que Dios guie su vida.

También me gustaría agradecer a los miembros de Seguridad que nos han tratado con respeto, como personas que somos. A la doctora y a todos los que de alguna forma han hecho que nuestros días en el Centro de Detención sean menos tristes. Sean bondadosas unas con otras. Que Dios las bendiga”.

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