Desde el puente de los sueños: Luz en la oscuridad.

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Cuando se me ofreció la oportunidad de compartir un rato con vosotros en “Desde la Misión”, en el suplemento de Alfa & Omega, lo primero que me vino a la cabeza es el pensar en que poco interesante podía contar desde la retaguardia, acostumbrado como estaba a la primera línea misionera.

“Simplemente cuenta las historias que vives en tu día a día”, me insistieron.

Y aquí estoy, inmerso en interminables autovías (Highways) y grandes superficies (Malls), rozando prácticamente el Muro que nos separa de Ciudad Juárez , ciudad con una inseguridad ciudadana internacionalmente conocida, sintiendo el latido de tanto sueño roto por la indiferencia de muchos.

Todos tenemos derecho a soñar, aunque el sueño de algunas personas nada tenga que ver con lujos y viajes maravillosos. Sus sueños se reducen simple y llanamente a tener vida. Una vida digna donde sus hijos puedan tener un futuro mejor. Un futuro sin hambre, sin miedo, sin violencia, sin explotación…  Y para ello buscan ese lugar mágico donde cada día salga el sol para todos por igual. Dejan sus raíces, el lugar que los vio nacer, su familia…, y se lanzan a una aventura desconocida jugándose día tras día la vida por llegar a un País donde les han dicho que todo es posible, que basta con intentarlo, que ellos también pueden vivir el tan cacareado sueño americano. Y se arruinan pagando coyotes de poca monta y sin escrúpulos para los que no cuentan las muertes, sino el dinero.

En Sierra Leona, África, aprendí que el miedo es el asesino del corazón humano. Aquí también. Miedo a salir a trabajar y que los detengan, y no puedan volver a casa. Miedo a llevar a los niños a la escuela por llevar en sus caras grabada la huella profunda de sus antepasados. Miedo a ser denunciado por quien considerabas tu hermano.

Hay leyes que facilitan la convivencia y otras que, por el contrario, sacan de nosotros lo peor: la envidia y los celos. Y repetimos la historia de la humanidad una y otra vez. La historia bíblica de Caín y Abel.  Esa en la que uno de los hermanos, Abel, ofrecía a su Dios lo mejor en agradecimiento, y Dios le multiplicaba la dicha hasta el infinito. Mientras el otro, Caín, en cambio, ofrecía lo peor, y no progresaba. Caín nunca quiso imitar a su hermano bueno, simplemente lo mató por envidia.

Hoy y aquí, esa historia es el pan nuestro de cada día. Intentamos camuflarla con mil excusas: que los migrantes me quitan el trabajo, que aumenta la delincuencia…

Robar, lo que se dice robar, yo lo he visto a manos llenas en Sierra Leona, donde de la noche a la mañana desaparecía una montaña cargada de riqueza en sus entrañas, rumbo a puerto desconocido controlado por las multinacionales del poder y del dinero.

Mato a mi hermano, como lo hizo Caín, pero sin ensuciarme las manos de sangre. Simplemente lo denuncio porque sé que es ilegal -si es que alguna persona puede serlo- y porque al ser bueno, profesional y honrado me está quitando los clientes. Y así, arruino su vida.

Otro de los miedos nos condena al silencio. Hoy, la Iglesia de El Paso, Texas, como en Fuenteovejuna, quiso dar la cara por los migrantes y ser una luz en la oscuridad. “Pon en acción tu fe”, nos pedía nuestro buen Pastor, el Obispo Mark Seitz. Juntos hemos caminado, unidos a los sin voz, por el centro de la ciudad, con alba y estola para ser fácilmente reconocibles e identificados, mezclando nuestras voces en una vigilia interconfesional, clamando para que el buen Padre Dios, no abandone a sus hijos, y les permita realizar sus sueños.

3 Respuestas a “Desde el puente de los sueños: Luz en la oscuridad.

  1. Querido Pirata: Siempre te has caracterizado por una lucha sin tregua contra los molinos de viento.En esta zona del mundo que hoy te toca transitar “desde la retaguardia” esos Molinos no son mejores que los de sierra Leona…asi que,por favor,te pido que te cuides y que siempre obres con cautela.Te mando un fuerte abrazo!!!!!!!

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  2. Es muy grato volver a tener noticias.
    Mucho ánimo, ya sabes que te llevamos en el corazón, porque con tus experiencias y enseñanzas nos ayudas a transitar por la vida.
    Un fuerte abrazo.

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  3. Querido P. Garayoa:

    El hombre no tiene remedio, partamos de esa premisa. Los que organizan las cosas en el mundo, no quieren la justicia, no quieren defender la dignidad de las personas, pero sí quieren vivir a costa del sufrimiento de los débiles e indefensos. Esta es la realidad, no nos engañemos.

    La heroica labor de personas como usted, y de tantos otros misioneros, está condenada a ser un parche, pero es difícil, por no decir imposible, que el hombre sea capaz de ver al prójimo como un hermano, a menos que necesite, y le sea posible conseguir, algún provecho de él. No queremos ayudar a los desgraciados, a los perdedores de este mundo, a los parias de la tierra; pero sí queremos chuparles la poca sangre que les queda…

    No obstante, personas como ustedes, P. Garayoa, son la gran esperanza de este mundo, aunque nos tengamos que engañar para creer que esa esperanza existe aquí.

    En nombre de los desheredados de la tierra, P. Garayoa, GRACIAS por aliviar nuestros padecimientos, y por calmar un poco, la abrasadora sed que consume nuestros labios, que claman por justicia y clemencia.

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