Africa ken kahuthukuma hoh keyan: Octubre 2008

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Miércoles, 1 de octubre del 2008

Fin de velada con un tema debate que a todos nos concierne: la malaria. Hemos aprovechado la visita de Joseph y del Hermano Terry para poner en común los métodos de cada uno para combatirla.

El debate se suscitó porque Manuel me preguntó si las pastillas no me daban mareos. Le contesté que no, que las tomaba cada 6 horas y que no sentía ningún efecto secundario.

-¿Cada 6 horas? Yo las tomo cada 3 y me pongo el despertador para recordarme porque estoy medio mareado.

-Pues por eso te mareas, amigo, le dije.

Y es que el bueno de Manuel, desaparece y resucita al tercer día, como Lázaro.

Ahora resulta que voy a ser yo el prudente. No tomo medicina hasta que me confirman el contagio. Al menos lo hice en las primeras 6 malarias, a partir de ahí conozco lo suficiente los síntomas para medicarme sin falta de análisis sanguíneo. Incluso me lo recomendó el Dr. Turay para no dar ventaja al virus. Aunque Joseph me dice que en cada vomitona estoy pagando mis pecados.

Joseph es partidario de la guerra preventiva: en cuanto siente el mínimo síntoma bombardea su cuerpo sin piedad.

A Coco, le han dicho las monjitas que tomando un antibiótico suave no te contagias, y se fía más de ellas que de nosotros sus hermanos. Me reiré cuando agarre la primera.

Irene no paraba de reír. Pero lo cierto es que todos nosotros  pedimos para que un día no muy lejano descubran la vacuna contra la malaria, segunda causa de mortalidad mundial.

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Viernes, 3 de octubre del 2008

He ido a Makeni para encargar los carteles de los pozos donados por el Programa Tú elijes, tú decides de la CAN. También los de los que me donaron mis hermanos del Sur USA, y la Parroquia La Virgen de la Buena Vista de Getafe. Hemos regateado el precio hasta llegar a un acuerdo. La verdad es que los materiales han subido, y no me puedo quejar de la oferta.

 Sábado, 4 de octubre del 2008

Quería salir temprano para Fretown con Medo e Irene para hacer unas compras en la capital y recoger a Joaquín, el voluntario ingeniero agrónomo que dará continuidad al Proyecto de Invernadero, pero me ha llamado con urgencia el doctor del Holy Spirit Hospital.

El problema era que un niño al que había ingresado hace unos días necesitaba una bolsa de sangre. Medo tenía miedo a donarla y me he cogido un rebote de padre y señor mío. Le he dicho que era un niño de su raza, no de la mía, y que si al él no le importaba, a mi menos. Y me he largado. Al parar a poner gasolina, ya más tranquilo, le he dicho a Irene que nos volvíamos y que la donaba yo y punto. Hace tiempo que me prohibieron donar sangre en España por causa de las malarias y tifoideas contraídas, pero al comentarlo en  Sierra Leona, se rieron y me dijeron que mi sangre tenía más garantías que cualquier otra que pudiesen conseguir. El problema es que soy 0 Rh negativo, y es tan escasa en el País que prefieren reservarla para auténticas emergencias. Me contó el doctor que un paciente tuvo que ir a realizar toda una peregrinación por los hospitales de Fretown para conseguir una bolsa por la que tuvo que pagar una cifra increíble. Y que, sabiendo que la tenía yo, prefería reservarla para casos extremos. Y que donde mejor se conservaba era en mi cuerpo.

A todo esto, Irene habló con Medo y le hizo ver el sin sentido de usar mi sangre para alguien con 0 Rh positivo. Parece que sus argumentos surtieron efecto y Medo decidió cooperar y donar su sangre. Al final, y al ver que nada había pasado, se sintió orgulloso de su gesto y se pasó medio viaje contando por teléfono a sus amigos la heroicidad y animándolos a ser donantes voluntarios. ¡Vivir para ver!

Yo simplemente le dije que si ese niño se salvaba, se sentiría muy bien al verlo caminar con algo muy suyo, con su propia sangre.

Se nos hizo tarde para las compras, pero creo que mereció la pena el retraso. Y lo celebramos en la playa, y con cangrejos de mar que nos supieron a gloria.

Luego, a Diana Guest House, una pensión que poco tiene que ver con la realeza pero que es barata y relativamente limpia para lo que uno se encuentra por aquí.

Domingo, 5 de octubre del 2008

Nos hemos pasado el día paseando por la playa sin prisas. Tenemos todo el tiempo del mundo porque Joaquín no aterriza hasta las 5 de la madrugada del lunes.

Nos dio tiempo hasta para comprar algún regalillo en el mercado de artesanías. Por la noche, cena en el Roy Restaurant y un par de cervezas antes de ir al helipuerto. Y es que habíamos animado a Joaquín a cruzar en helicóptero para evitarnos el infierno de camino vía Port Loko.

Lunes, 6 de octubre del 2008

A las 4:30 de la madrugada ya estamos esperando en el helipuerto. A las 6 aterrizan y vemos con sorpresa que no baja Joaquín. Nos llama desde Lungi diciéndonos que ha perdido la maleta (¿os suena?), y que viene en el segundo helicóptero porque debe firmar unos papeles. Por fin, aparece a las 7:30 de la mañana.

En Freetown reclamamos la maleta en Air Morroco, nos atienden muy amablemente, y nos comunican que está en Gabón y que la podríamos recoger el próximo viernes. Nos reímos porque ninguno de los tres sabemos ubicar Gabón a la primera.

En Kamabai, intentamos vestir a Joaquín de la solidaridad española. Y digo intentamos porque no es fácil encontrarle algo a la medida a un tipo de 1,92 cm. Pero en fin, algo sí que consigue. Nos quedamos con las ganas de abrir la maleta y bucear buscando tesoros como queso, chorizo, y demás productos de la tierra.

Martes, 7 de octubre del 2008

Lo que me faltaba: otra malaria. Iba a subir a celebrar la misa en el Santuario y he comenzado a vomitar. Cómo estaría, que Irene me oía desde su habitación. En fin, paciencia. Y va la decima. ¡Ya la querría el Madrid en copas de Europa! Ya ni me enojo, tomo las pastillas y punto.

Jueves, 9 de octubre del 2008

Sigo hecho polvo y dormitando todo el día. Tampoco han parado los vómitos, aunque este ataque ha sido infinitamente más suave que el anterior. Lo mejor del caso es que supongo que pasaré unas vacaciones tranquilas, puesto que en dos semanas estaré fuera de zona de contagio. Y digo supongo, porque el mosquito es tan… ¡eso!, ya me entendéis, que es capaz de darte un par de revolcones seguidos. Ya le pasó a Manuel.

Me han llamado para recordarme la cita con Mamy Alice Koroma, la madre del Presidente de la República. No me agarra en mi mejor día, pero algo sacaré digo yo. Irene me pregunta que cómo voy a ir vestido. Me rio y le invito a que vea mi guardarropa. Me decido por los pantalones Quechua que me regaló el bueno de Goyo, alcalde de Viana, una camiseta naranja del San Agustín por aquello de la propaganda estática, y las chancletas de siempre.

A las 4 de la tarde estoy puntual enfrente de la verja. Se ve que la han restaurado y puesto un portón nuevo. Me abre uno de seguridad y me conduce bajo la sombra de un mango. Allí está Mammy Alice con otra viejecita de aspecto bonachón, un bote de cacahuates a medio acabar, y la radio a todo vuelo tocando música africana. Los tres perros que la rodean me gruñen enseñando los dientes. Algo les grita en limba y los perros se tumban. Me siento un poco tenso y no sé cómo comenzar, pero la verdad es que es ella la que me quería conocer, así que sin más le digo que soy Grandpa. Por fin, para el radio y sonríe. Le cuento mis penas, sobre todo los pagos que debo hacer para recibir los contenedores. Agarra una libreta pequeña encuadernada en plástico rojo, la ojea, y marca.

-Hi, Mister Minister…, le oigo decir.

Siguen un buen rato hablando en limba y me lo pasa para que le cuente lo que quiero.

Para no haceros el cuento largo, os diré que hablé con un par de ministros como quien habla con la castañera de la esquina, y que si por ella fuese me hubiese comunicado con toda la lista. Creo que el ser madre del Presidente le da una autoridad moral sobre todo el Consejo de Ministros, a los que llama cuando quiere y para lo que quiere. Y creo también, que si uno de ellos se negase a contestarle y a cumplir sus deseos, se vería de patitas en la calle al día siguiente.

Ante la premura de mi viaje y la apretada agenda de los Ministros, dejamos para mi regreso una cita personal con ellos.

Nos sacamos un par de fotos, me pegó un abrazo, y me pidió que apuntase su teléfono móvil por si la necesitaba para algo. Estoy seguro que ese pequeño tesoro, al número de teléfono me refiero, me sacará más de una vez de algún apuro si lo sé utilizar con picardía.

Parece que la cita me ha abierto un poco el apetito porque ceno una ensalada e incluso repito. Fue un espejismo, a los 15 minutos estaba corriendo para vomitar. El mosquito solo me había dado una tregua.

Viernes, 10 de octubre del 2008

Llamo a Sylvia de Air Morroco para averiguar si ha llegado la maleta de Joaquín. Me dicen que sí, pero que debemos recogerla en Lungi. Le recuerdo que me prometieron tenerla en la oficina de Freetowm porque el error había sido de la línea aérea. Me sugiere que cruce en helicóptero y que la recoja en el aeropuerto.

-¿Y quien paga los 140 $ que vale el billete de ida y vuelta?

Me contesta que yo, y me enciendo. Para nada, porque nada cambia. Si queremos la maleta, hay que ir a Lungi.

Como sigo enfermo, Manuel se ofrece a llevar a Joaquín vía Port Loko para no depender del ferri.

Irene está montándonos un pequeño invernadero cerca de la casa con los hierros que le han sobrado para que comamos tomates y alubias como Dios manda. No puede parar quieta, ni deja parar a nadie. Eso sí, el pan con tomate de las mañanas es como un pedacito de cielo encima de la mesa.

Hemos cambiado el tanque del agua antiguo por uno de 3 mil litros. Ante la avalancha de voluntarios, el viejo depósito se nos había quedado pequeño y no dábamos a basto para las dos casas.

A las 7:30 de la tarde llegan Manuel y Joaquín con la maleta intacta. Al menos la paliza que se han metido no ha sido en balde.

Domingo, 12 de octubre del 2008

Me siento mucho más animado y le he dicho a Manuel que podía celebrar la misa del Santuario. He aprovechado para despedirme de la gente, ya que el próximo domingo pienso celebrar en una de las aldeas.

Me sorprende el ver cómo les impresiona la celebración a los voluntarios. Esta vez era Joaquín el que no se perdía detalle. Quizás sea el que de tanto ver las cosas uno termina acostumbrándose a ellas. De todas formas qué duda cabe que nuestro pueblo vive los cantos, la paz tocándose el corazón, las ofrendas…, de forma muy especial.

He chateado por Skype con Yamasita y se le ve feliz. Mucha culpa de ello lo tiene la familia de Irene que la ha acogido como una hija más. Me cuenta que sabe orientarse en el metro, y disfruto con su chapurreo en español.

Lunes, 13 de octubre del 2008

Me he levantado tempranito y con ganas de trabajar: ¡buena señal! Significa que la 10 malaria ya es historia pasada. A pesar de la lluvia, mis cinco mosqueteros con Pa Bangura a la cabeza estaban puntuales en misa cantando In the morning, early in the mornig. Eso y las palmas de Pa Bangura, dignas del mejor “tablao” flamenco, despiertan al más pintado.

He inspeccionado un momento las obras del Preescolar, y seguro que Miguel estaría contento de cómo se va desarrollando la construcción.

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Martes, 14 de octubre del 2008

No paro de ir de aquí para allá viendo cómo va el trabajo en el Preescolar San Agustín y la escuela Chiclana de Bumbandain. Se nos han retrasado un poquito los trabajos porque hemos usado los albañiles en la construcción del invernadero. Quiero tomar un poquito de video y unas fotos para que los donantes vean el estado actual de las obras.

Por la noche, confidencias. La biografía de Coco, nuestro abogado peregrino, no tiene desperdicio. Ha trabajado sirviendo copas en la barra de un bar, y de chofer de famosos. Se conoce farándula y media de las noches de Madrid, pero eso no impide el haber vivido cercano a los Hermanitos del Cordero. Me dice que son una Comunidad Mendicante de muy poquitos miembros, pero que se los ha encontrado por el mundo entero, incluso en Argentina. Ha sido Numerario, novio multinacional, y ahora voluntario en África. ¿Quién da más? Nos hemos reído con ganas de sus andanzas, y lo hemos admirado a partes iguales. A nosotros nos está haciendo un trabajo increíblemente valioso, y lo queremos aprovechar antes de que continúe su peregrinaje por el mundo.

Sábado, 18 de octubre del 2008

Hoy ha sido un día intenso.

Por la mañana han ido apareciendo los maestros de todas nuestras escuelas: los que tienen sueldo del gobierno, y los que llamamos comunitarios porque no lo tienen. Vienen caminando horas a la cita, y con la certeza de saber que la educación es básica en el desarrollo de su País. Y que ellos, por lo tanto, son agentes principales de su propio desarrollo. A los maestros comunitarios le hemos dado 30 euros a cada uno para ayudarles en su precaria situación económica. Han suspirado de alivio y de agradecimiento. Les he prometido que intentaría en España hacerme con algo de dinero para pagarles un pequeño salario mensual.

Hemos compartido mesa y mampa (vino de palmera). Y han disfrutado como chiquillos cuando he ido repartiéndolos en los cruces de los caminos con el Toyota Dyna.

Quería Irene, o Saio que la llaman ellos, despedirse de sus trabajadores a lo grande, y a fe que lo ha hecho. Un saco de arroz, latas de carne de la solidaridad española, y un mono, han hecho que nadie faltase a la cita. Incluso de Freetown y de Makeni han venido. Les ha preparado un PowerPoint con las fotografías del montaje del invernadero. Les encanta reconocerse en las fotos y gritan entusiasmados coreando el nombre de cada uno de ellos. Después, baile hasta las 12 de la noche. Todos hemos disfrutado de una velada entrañable. ¿Qué tendrá esta chiquilla que a todos robó el corazón? Por no extenderme en detalles, baste decir que nuestra ingeniera agrónoma particular, Irene Moya, ha dejado en Kamabai huella, huella profunda difícil de borrar.

Domingo, 19 de octubre del 2008

Hoy me quería dar un capricho, y me lo he dado. Ir a celebrar misa a Bumbankakendehka. Los que me leéis en el blog sabéis que esa aldea es algo especial para mí por lo que os he repetido tantas veces: la armonía de convivencia entre musulmanes y católicos, y las ganas con las que todo el pueblo colabora en su desarrollo.

Me esperaban a la orilla del riachuelo en el que debo frenar para trepar por una zona rocosa de difícil acceso. Me han recibido cantando mientras un enjambre de chiquillos se peleaba por mis manos.

He celebrado la misa emocionado. En la paz, el Chief me ha abrazado bailando. Y han agradecido al final la ayuda recibida, sobre todo las becas para que sus jóvenes puedan tener un mejor futuro.

En casa le hemos seguido atacando al jamón del Señor Alcalde de Viana. Es como si lo quisiésemos terminar antes de irnos. Irene nos ha sorprendido con unos espaguetis deliciosos. Y las cajas de tinto que nos envió Quique, el hermano de mi cuñado, siguen manando tan delicioso líquido.

Lunes, 20 de octubre del 2008

Necesito ir a Freetown para cambiar dinero y dejarle a Manuel la caja fuerte en condiciones. De paso intentaremos que a Medo le saquen los dientes  que le quedan para poder ponerle los postizos que me envió Fede.

El caso es que Medo me insiste en que se los quite yo, que se fía más que del de Makeni. Y tentaciones he tenido de hacerlo. Eso sí, pensaba llamar a Fede y sacárselos algo así como en video conferencia. Solo necesitaba que me explicase cómo mover la muñeca y qué alicate usar. La anestesia me parecía más fácil, y en todo caso pensaba ponerle una más por si acaso.

No ha hecho falta, con las indicaciones de la Hermana Elisa, hemos conseguido uno caro, pero decente. Eso sí, no ha consentido en tomarle las medidas de los de abajo por más que ha insistido Irene, si él no se hacía cargo del trabajo. Pero yo pensaba gastarme lo mismo que en los de arriba, o sea, nada. Así que veremos qué solución encontramos para que el bueno de Fede nos envíe los de abajo y que Medo sonría tipo Robert Reford.

Debía sellar también en Exteriores y en el Ministerio de Educación los resultados académicos de Yamasita de su segundo año en Njala University. Uno de esos que anda siempre por la puerta intentando ayudar al prójimo me pedía la luna por facilitarme las cosas. Pregunté por la encargada y me presenté en su oficina. La saludé amablemente y le dije literalmente que el gobierno español pagaba la educación de una estudiante de su País, y que esperaba que el gobierno de Sierra Leona cooperase facilitando los papeles. Me miró sorprendida preguntándome quien era. Le contesté que Grandpa guiñándole un ojo, y me selló los papeles.

-¿Cuánto le debo?, le pregunté.

-¿Cómo quieres que te diga precio después de lo que me dijiste? Déjame para el almuerzo, y búscame cuando necesites ayuda.

Otra tarjeta para la colección. Reza así:

Sierra Leone Government

Ministry of Foreing Affairs & International Cooperation

Juliana S. H. Blake

Consular Officer

¡Viva la amistad! Y solo me costó 20 mil leones (4.76 euros), un almuerzo en Roy.

Martes, 21 de octubre del 2008

Me daba una pereza tremenda, pero le había prometido al nuevo profesor de Kamangbangbanranthan que lo visitaría antes de mi viaje a España. Además, quería filmar algo para que las muchachas de la Residencia Roncalli de Madrid se diesen cuenta de todo lo que pueden hacer con una pequeña ayuda.

Manuel me dijo que le gustaría acompañarme porque desde 1998 no visitaba la aldea. Y me ha encantado la idea porque no solemos tener tiempo de caminar juntos al ser responsables de zonas distintas. Hemos decidido caminar sin guía para poder hablar tranquilamente. He ido tantas veces que podría subir la colina incluso con los ojos cerrados.

En el pueblo nos ha recibido un enjambre de chiquillos jugando al futbol con una toronja. Me he emocionado viendo a los niños de 6 a 14 años cantar los números de la pizarra y aplaudir los aciertos.

Por la tarde, los que acuden a clase son los mayores. Todos quieren aprender a leer y a firmar. Pensad que para mandarme un mensaje deben caminar dos horas hasta Kamatoro, pueblo de Felix Conteh, para que éste se lo escriba, y regresarse a la aldea caminando otras dos horas.

Es increíble el milagro que se puede lograr con un gesto solidario. Estoy seguro que la mayoría de las veces no somos conscientes del alcance de nuestra pequeña limosna. Y, sin embargo, aquí en Kamangbangbanranthan, hay futuro gracias a un baile que unas muchachas decidieron realizar. Los niños condenados a la miseria y a la incultura comenzaron hoy a cantar los números. Mañana, dios dirá.

Miércoles, 22 de octubre del 2008

Joaquín, suelta la frase del día:

Mido 1,92 y no crecí más porque mis padres no me pusieron una cama más grande.

Y yo que, como dice mi amigo Santi, no toco la gloria con el metro, me quedé todavía más chiquitico.

Viaje a Kathekeyanm, la escuela está hecha un desastre pero hay vida en las aulas. Y están felices con el regalo, especialmente con el nuevo balón de futbol que me envió Goyo, alcalde de Viana. Al salir me dice Coco si conduce él, le digo que si y se sorprende.

-Ahora se que necesitas descansar, Grandpa.

-¿Por qué?

-Porque me hubieses contestado lo de siempre, que era tu responsabilidad. Y no lo has hecho.

La verdad es que si, que estoy vacío, absolutamente vacío, como se nos quedaron las baterías solares este verano. No sé si aguantaría un mes más sin poner un poco de distancia. ¿Y sabéis qué? A pesar de las malarias, creo que el cansancio es más mental que físico. No poder llegar a todo el dolor, a toda la miseria…, te parte en mil pedazos el alma.

Irene está hiperactiva. Esta chica no para: del invernadero al gallinero, o a curar, o a ordenar, o me pregunta si me apetecen unos cojonudos (huevos con chorizo y pimiento) africanos porque aquí no tenemos perdices. Se le ve rendida, pero feliz por el trabajo realizado, y triste por la partida. Hay que ver cómo el mismo viaje nos puede despertar emociones tan opuestas.

La gente no para de venir. Me dice Medo que lo siente, que no sabe cómo puedo aguantar. ¿Y qué hago? Si por ellos fuese seguirían pidiendo hasta la misma escalerilla del avión.

Me llama Gonzalo para terminar de afinar el proyecto de dispensario médico. Sigue empeñado en lograr una sustanciosa subvención y dotarlo de todos los adelantos técnicos. Y cuando este hombre se propone algo….

Han venido a cenar los de Kamalu, Edgar, Terry y Joseph. Queremos celebrar mañana el cumpleaños de Edgar y nuestra despedida.  Se han traído un chivo para sacrificarlo. ¡Ya era hora! Nos hemos tragado 3 monos en dos semanas. Le he dicho a Medo que como se largue a cazar otro, lo ato a un árbol.

Me espera una larga noche de contabilidad y organizando las cartas de los estudiantes. He decidido terminar el trabajo en Madrid porque no doy a basto.

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Jueves, 23 de octubre del 2008

No sé si yo estoy ya demasiado cansado, pero me siento especialmente molesto porque parece que se han juntado todos a pedirme cosas. Piden compulsivamente. También las maestras de Preescolar quieren que les consiga más dinero de sueldo. Y Pa Bangura se destapa pidiéndome una banda de música para la escuela. Y perdí la cabeza diciendo algo que no me enorgullece precisamente. Os cuento.

Me habían traído un niño desnutrido. A la madre le había dado un montón de veces leche y papillas y me sacaba de quicio el que no cuidase de la criatura. Le grité que no le iba a dar ni un bote más y que si el niño se moría ella sería la responsable. Y me largué tan fresco. Bueno, tan fresco no: con el alma como un volcán. Pero no di mi brazo a torcer. Y en ese mismo instante me di cuenta de que necesitaba un poco de distancia, porque era injusto. ¿Qué culpa tenía el niño?

Algo diferente. Yealie Bah me trae un gallo fullah.

-Para María, tu hermana, me dice.

-¿Un gallo?

-Es que el traje que le mandé hacer no me lo terminó el sastre.

-¿Y qué hago yo con el gallo?

-Pues llevárselo a Pamplona.

Claro, solo viendo como viajan ellos a la capital con gallo, plassas, cassava…, puede uno entender que vean tan natural el que yo me lleve al gallo en avión a Pamplona.𩃨

Recuerdo cuando Manuel me decía que no sabía qué meter en la maleta. Yo tampoco. Pero quiero llevar la grande para traerla llena, así que la lleno de pulseras, manteles,… Mío, lo que se dice mío solo un pantalón vaquero y el neceser.

Después de la cena salimos para Lungi vía Port Loko. Le ofrezco a Manuel conducir para que él descanse, pero me dice que no me preocupe. A Momodu lo traen con los pies pelados y me tengo que quitar los calcetines para cubrirlo.

En el aeropuerto otro viacrucis de pedigüeños. Me acaloro y les grito a los aduanales.

-¿Qué lleva la caja?

-Un inversor solar (seguro que no tiene ni idea de lo que es eso, pero se hace el entendido)

Debo revisarlo.

Y se hace el remolón para ver si le doy algo. La verdad es que estoy tentado de hacerlo, porque está tan bien embalado que no quiero que se me dañe en el camino, y por no tener no tienen ni una tijera. Menos, cinta para atarlo de nuevo. Pero decido echarle un órdago:

-No sé si sabes las últimas leyes internacionales de vuelo, pero si me abres la caja debes entregármela como la recibiste.

Me mira con cara de pocos amigos. Insisto en que lo denunciaré si no lo hace, y me deja pasar.

 Ahora, los papeles de Momodu. Otra lucha dialéctica. Me pregunto cuánto me costaría sacar un niño del País en caso de no tener los papeles en regla. Y casi, casi me animo a averiguarlo, pero estoy cansado y lo que quiero ya es la hamburguesa con patatas fritas: primer síntoma de que estamos en zona libre. Aquí sí que tengo que amenazar con llamar a Mamy Alice para que me dejen tranquilo. Por fin, aquí estamos, en la sala de abordaje, Irene, Dora, Momodu, el inversor solar, y un servidor. ¡Y sin pagar ni un cinco!

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Viernes, 24 de octubre del 2008

Hay que verles la cara a Dora y Momodu cuando el avión agarra velocidad y se eleva hacia el cielo. Intento dormitar un rato. La comida no es mala y Momodu no deja ni las migajas. Llegamos a Casa Blanca sin contratiempos. Allí me cachean hasta la extenuación. ¿Tendré cara de contrabandista de diamantes?  Y el policía más serio que un plato de habas.

Al intentar conseguir la tarjeta de embarque nos dicen que Irene y yo podemos pasar, pero que Dora y el niño se quedan hasta que puedan hacer fotocopia de sus pasaportes. Les recuerdo que estamos en tránsito, que no pensamos salir a la calle, y que en todo caso quienes podrían poner dificultades serian los policías españoles, puesto que España es nuestro punto de destino.

No hay forma de que den su brazo a torcer. Además,  vemos con sorpresa como la zona se va llenando de gente de color (negro quiero decir). Nos tiramos en la alfombra y sonreímos: dos blancos en medio de la negritud.  Pasa el tiempo y nos impacientamos. Irene levanta la voz para que la puedan oír todos:

-¿Es porque son negros? ¿El problema es el color? ¿Puedes llamar al encargado?

Miento y les digo que soy reportero y que al día siguiente aparecería todo un reportaje en los periódicos de España (lástima no poder hacerlo). Pero ni aun así. La gente nos mira con simpatía. Les sorprende que nos pongamos de su parte y que no queramos pasar solos.

Al fin, 1 hora y 45 minutos más tarde, arreglan la fotocopiadora y podemos sentarnos tranquilamente a tomar un capuchino con un croissant.

El viaje a Madrid se nos pasa en un suspiro. Tendría que haber filmado las caras de Dora y Momodu en la T-4. Dora se tropieza en las escaleras eléctricas y le parecen cosa de brujas. En la cinta de las maletas nos recibe Gonzalo Castañeda con el Proyecto de una Clínica en la mano. Me encanta saludarlo. Afuera nos espera toda la familia de Irene: Rafa, María José y Bea. También Humberto, el novio y Yamasita (Liza).

Nos dejan en el Paseo de la Habana. ¡Hogar, dulce hogar! De nuevo las toallas secas y el cariño de los hermanos. Por la tarde se nos unen Federico y su mujer Marta que vienen a llevarse a Badajoz a Dora y a Momodu. En AlCampo le compran un coche de juguete: el primero que ha visto en toda su vida, y se le iluminan los ojos.

Es todo por ahora. Me esperan un montón de charlas y reuniones para justificar el dinero recibido y presentar nuevos proyectos. Luego, unas navidades con la familia. Ya no me acuerdo de las últimas que pasamos juntos. Os dejo por un tiempo, ya os contaré.

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