Africa ken kahuthukuma oh keyan: Marzo 2008

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Domingo, 2 y lunes, 3 de marzo del 2008

Estamos de Visita Pastoral. Nos hace ilusión que el Obispo concelebre la Eucaristía en el Santuario y que comparta nuestros sueños y nuestras luchas, aunque solo sea por un rato. La comunidad ha preparado un almuerzo con danzas para agasajar al Obispo, y al menos hoy todos pudieron saciar el hambre.

El Sr. Obispo nos ha pedido volver el lunes para visitar una aldea. Hemos decidido que fuese Bumbamkakendehka porque nos parece una aldea modelo en cuanto a colaboración se refiere. Además, las relaciones entre musulmanes y cristianos son cordialísimas.

Monseñor Biguzzi se ha quedado prendado de la nueva iglesita Little Flower (construida con la ayuda de la comunidad Little Flower de El Paso, TX) y ha prometido volver a bendecirla. Incluso me ha pedido los planos.

En la homilía nos ha pedido seguir trabajando unidos musulmanes y cristianos porque Dios nos ama a todos por igual puesto que todos somos sus hijos. El Chief, musulmán, le ha regalado un chivo en señal de gratitud por su visita y le ha contado maravillas de los Padres. Luego las danzas tradicionales, el almuerzo y la despedida.

 Miércoles, 5 de marzo del 2008

Ya sé, ya sé, que en esta vida no hay que tener acepción de personas, pero estaréis de acuerdo conmigo en que, por los motivos que sean, hay gente que a simple vista te roba el corazón. En mi caso, me ha sucedido con Fatmata (Yakuba, nombre indígena) y su pequeña hija Haja Kady.

Fatmata tiene 16 años y su hija, Haya, 2. Nos es muy común por aquí ver a las madres sonreír y jugar con sus hijos. La relación afectiva madre-hijo, deja bastante que desear. Los niños crecen en el más absoluto abandono, y deben aprender a valerse pronto por sí mismos. Vinieron a este mundo  más para trabajar en el campo que como fruto del amor. De ahí que la tasa de nacimientos sea tan grande (6 hijos por mujer). Se necesitan manos para recoger el granut (cacahuete) y el arroz, para cortar leña en el bosque y limpiar la parcela. Luego, si la economía lo permite, que es casi nunca, podrán ir a la escuela. Dentro de este desierto afectivo, Fatmata y su niña son un oasis: juegan, cantan y bailan con una alegría contagiosa y enternecedora.

Cuando paso delante de su casa conduciendo el Toyota y veo a Haja correr gritando Grandpaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, se me van todos los desalientos. Me habla en mandingo y no le entiendo ni una sola palabra, pero su sonrisa es para enmarcarla. Y cuando se escapa de casa le dice a la gente que va a la misión para que Grandpa le de galletas. ¡Hasta inteligente ha salido!

Hoy Fatmata me llamó llorando.

-Grandpa my pikina has no food (Grandpa, mi niña no tiene comida)

Era la primera vez que veía y escuchaba a Fatmata tan triste. Me decía que ella podía aguantar el hambre, pero que sufría si no podía alimentar a Haja. Y que intentó darle de mamar, pero que ya no tiene más leche.

Le he dicho que se viniesen a la misión. Les he preparado un buen plato de arroz con carne, y he visto como Fatmata esperaba a que su criatura comiese antes de meter ella la cuchara en el plato. Les he dado leche, papillas, arroz, galletas… (todo lo que me mandasteis) Y me han regalado otra de esas sonrisas sin las cuales sería imposible trabajar por aquí. Os va la foto para que la compartáis.

Se me olvidaba deciros que entre todos los ahijados, a Fatmata es a la única que se le ocurrió darme un collar y unos aretes de 5 mil leones para su amiga Ascensión. Y me ha preguntado mil veces cómo es, porque quiere enviarle una camisa teñida africana. Y no tiene donde caerse muerta. Su padre está en silla de ruedas por causa de un machetazo de los rebeldes en la cabeza, vive con su abuela, y le ayuda vendiendo buñuelos en Kathanta caminando 10 kilómetros todos los sábados hasta el lumu (mercado). ¿Cómo no me va a robar el corazón?

Viernes, 7 de marzo del 2008

Me espera Mr. Kanu, el administrador de la Escuela Secundaria, porque tiene algo muy importante que decirme. Tiemblo: si tienen que hablar contigo es para pedir dinero, pero si tienen que hablar de algo muy importante es que te pedirán una suma mareante. Yo ya he aprendido a ahorrar tiempo y agilizar la conversación.

-¿Cuánto?, pregunto

Por esta vez metí la pata. Me dice que un tal Mr. Sheriff (y escribo un tal por no ponerle el apelativo que se merece y me viene a la boca) está preocupado por la ayuda que le estoy brindando a su esposa Kady, y quiere que deje de pagarle los estudios inmediatamente. Que la quiere burra, vaya.

Os cuento. Kady tuvo 4 hijos con el tal Sheriff. El menor todavía está mamando. Da clases como voluntaria en la Escuela Primaria Musulmana para poder llevar un poquito de alimento a sus hijos con la miseria que le pagan, porque su esposo no se preocupa lo más mínimo de la familia. Cuando Medo me contó el caso, la inscribí inmediatamente en el Programa de Becas, bajo la responsabilidad del Centro Esperanza de Lodosa. Con la ayuda de la Sra. Corpus y sus muchachas está estudiando en el Politécnico de Makeni para sacar el título de maestra y recibir salario del Gobierno. Supongo, que el estudiar le ha abierto la cabeza y se ha dado cuenta en el grado de explotación que vivía, y que ha dicho hasta aquí.

El esposo le ofrece tener 2 o 3 hijos más, y luego hablar de continuar los estudios. Dejadme que os diga que el bueno del Sheriff lo único que sabe es cortar yerba, y que no se molesta demasiado en buscar donde hay que cortarla. Y mira, que si algo crece en Sierra Leona es lo verde. Así que no me extraña que la mujer haya terminado hasta las narices del galán.

Le he pedido a Mr. Kanu que se venga con el Sheriff para cantarle las cuarenta en bastos. Supongo que no se ha atrevido porque no ha aparecido en todo el día. Y, desde luego, el Centro Esperanza de Lodosa sigue ayudando a que las mujeres de Sierra Leona, en este caso Kady, tengan una vida más digna.

Lunes, 10 de marzo del 2008

Llevo dando mil vueltas a Kamayusufu para ver que la Escuela esté terminada a tiempo. Es increíblemente difícil construir aquí, pero poquito a poco vamos terminando las cosas.

Hoy me ha pasado algo curioso. Un abuelete simpático y musulmán me ha ofrecido a su hija como esposa. La chavala no es fea, la verdad sea dicha. Y es joven, rondará los 18 años. Eso sí, me ha pedido 4 vacas como kola (compensación). Parece que me ha visto cara de ganadero. He querido seguir un poco el juego para ver hasta donde llegaba, y ésta ha sido más o menos la conversación.

-Cuatro vacas es demasiado, puedo conseguir esposa en otra aldea por menos. Además no sé si le gusto.

-Si le gustas, y te ama.

-Pues si me ama, ¿por qué no se viene conmigo gratis?

Dirigiéndome a la muchacha.

-¿Te vienes sin vacas?

-Yo si me iría, pero las vacas es cuestión familiar, son para mi padre.

Ahora me dirijo a mi suegro.

-¿Por qué tienes tanto interés en casarla conmigo?

-Porque las mujeres son un problema. Yo me quito el problema de la cabeza y lo meto en la tuya, pero eres inteligente y sabrás manejarla.

-¿Y quieres que además te pague? Te doy una vaca y tres gallinas. ¿Cuando me la llevo?

-Cuando tú pongas la cuerda con la que atas la vaca en mi mano.

No puede más y me solté una carcajada. Estoy seguro que si sigo regateando me llevo a la hija por una cabra, o por las tres gallinas. ¡Y se viene tan contenta! Lo que sí les he prometido es ayudarla para que vaya a la escuela y aprenda que el valor de la mujer es infinitamente superior a todas las vacas, cabras y gallinas que un imbécil pudiese ofrecer.

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Viernes, 14 de marzo del 2008

A la hora que canta el gallo nos llegó el contenedor. Tuvimos que esperar a que los muchachos llegasen a la escuela para que nos ayudasen a descargarlo. Sé, porque me lo habéis contado, que llenarlo es una locura, pero os puedo asegurar que el vaciarlo con un mínimo de orden no se queda atrás. Intento separar dando gritos la comida de las herramientas, pero el alboroto que se forma en torno a las cajas es impresionante. Todos me preguntan a la vez, y me desespero.

Además, aquí todo hay que bajarlo a puro… riñón. Eso sí, nadie se queja y todos arriman el hombro o, mejor dicho, la cabeza. Me pregunto si el haber cargado tanto peso en la cabeza durante toda su vida no les dificultará el que les entren los libros.

Es buen momento para que los ladronzuelos hagan su agosto, así que debo estar atento a la cámara de video, la cámara de fotos, y a las mil manos que revolotean entre las cajas. A más de uno le he tenido que vaciar los bolsillos con la reprimenda correspondiente.

Siento que os vais especializando en el envío, porque cada vez vienen cosas con más sentido. Creo que este último ha sido perfecto por el equilibrio entre alimentación, ropa, y herramientas. Eso sin contar con el cava, el vino y el pacharán.

En alguna de las cajas, Juan Luis tuvo el detalle cariñoso de escribirme mensajes de apoyo. Y ni te imaginas cuanto te lo agradezco, amigo. Podía leer:

-Cuando invites a comer o beber a los amigos, que sepan que aquí tienes un montón más de hermanos.

-No te olvidamos, Valladolid está contigo.

-Brinda por nosotros, te queremos.

Y así lo hice, faltaría más.

Insisto, me gustaría que alguien de Valladolid (anímate, Juan Luis), viniese para llevarse en el corazón todo el agradecimiento de esta gente. Ya veis que fácil: vosotros os sentís felices compartiendo lo que tenéis, y a nosotros nos dais una bocanada de aire fresco y nos hacéis sentir que no estamos solos. ¡Qué bonito!

Los ahijados van recibiendo poquito a poco vuestros regalos. También los que enviaron los de Viana, Navarra. Sé que a veces os confundo con los nombres, pero es misión imposible mantener un mínimo de continuidad en los apadrinamientos. Entre embarazos y abandonos para trabajar en el campo, me vuelven loco y tengo que estar asignando nuevos nombres a cada rato. Eso, y pelear para que vengan a retratarse, o para que me escriban una carta de agradecimiento. Y luego, todos me preguntan si su padrino no les envió algo.

Todavía recuerdo mis conversaciones con Juan Luis antes del envío del primer contenedor y lo difícil, imposible decían algunos, que se nos hacía la aventura. Me río pensando que ya son cuatro. Y siempre se ha oído que  no hay quinto malo. ¿Será para mayo? Por pedir que no quede.

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Lunes, 17 de marzo del 2008

Otra carrera al Hospital de Magbenteh. No me hace falta ni medir ni pesar para darme cuenta de que Alimany Tarawalie se está muriendo de desnutrición severa. Otra vez la angustia del llegar a tiempo. Lo tomo en los brazos y rezo para que sobreviva.

La doctora Carla está en una junta y debo esperar un rato. No os puedo describir, ni quise fotografiar por respeto, lo que vi. Quizás algún día me anime a gravar un reportaje para que nadie desayune indiferente al dolor ajeno, y permita que se le ensanche el corazón.

Madres sin leche en los pechos, niños famélicos que te clavan la mirada y hacen que te avergüences del sobrepeso. Y hay que hacer un acto de fe para ver a Dios en medio de tanta miseria. Pareciera que se habían juntado todos los quinto huevo del país.

Carla me nota sobrecogido y me saluda con una amplia sonrisa:

-Gracias por ayudarnos, José Luis.

¿Ayudar? Que yo sepa, lo único que hago es correr de un lado para otro como un loco. Ella sí que ayuda. Y sé que el Dios bueno la mira con simpatía.

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Martes, 18 de marzo al viernes 21 de marzo del 2008

Otra visita no menos esperada: Federico I, Federico II (su hijo), Ventura y  la Peli. Son de esas personas que van sacando sonrisas por el mundo a base de formar educadores en la salud, especialmente en lo que al cuidado de la boca se refiere. Nada más llegar se ponen manos a la obra y montan un sillón que sería la envidia de muchos consultorios odontológicos en mi tierra. Al menos, puedo asegurar que es único en toda la zona.

Fede viste a lo Chema Caballero. El dice que tienen el mismo sastre. La Peli es un corazón grande, grande, suelto por el mundo. Y lo comparte con su Pepe, quien no se le va de la boca ni un solo momento, y para quien ya está buscando algo que hacer por estos lares. El tal Pepe es profesor de artes y oficios, así que imaginaros cómo me vendría a mí. Y Ventura… ¿qué decir de Ventura? En fin, que sabe mover las piernas bailando la salsa con la misma soltura que las manos arrancando raíces enquistadas. Federico II, como es grande y guapo, suficiente tenía con atender a la cantidad de best friends que le aparecían. Pero en justicia debo decir que ha heredado todo lo bueno de su padre y de su madre, que no es poco.

Fueron como una estrella fugaz: nos dejaron maravillados y con la boca abierta.

Al bueno de Medo le hicieron 15 extracciones y le prometieron nuevos dientes en agosto. Sufrió lo suyo, pero tuvo el honor de estrenar el sillón con la última tecnología. Eso sí, se abrazaba a la cintura de Ventura como un naufrago a su tabla.

Las noches fueron inolvidables. Las doctoras cubanas se encargaron del arroz imperial y de la salsa. Y era un gusto ver bailar a Ventura y moverse a Fede. Claro, luego me enteré de que Ventura había estado 5 años colaborando con la universidad de Cuba y de que allí le habían inyectado el baile en las venas.

Perdona Fede, porque sé que no te gustará leer esto, pero al Cesar lo que es del Cesar. Déjame que muestre a la gente cómo son posibles los milagros, y cómo el buen Dios nos ha dado la capacidad de hacerlos a poquito corazón que tengamos.

Antes de irse, mi buen amigo Fede me dejó esta carta y la emoción en los ojos:

Yo Federico Gerona del Campo, me comprometo a hacerme cargo de cualquier gasto originado por la estancia del niño Momodu Fofanah y de Dora Fofanah que será el familiar que acompañará al niño en su estancia en España para ser intervenido quirúrgicamente en mi ciudad. Asimismo, asumiré los gastos de desplazamiento desde su país al nuestro y su regreso o repatriación si fuese necesaria.

Y ésta más:

Creemos que el paciente se podría beneficiar y mejorar significativamente su calidad de vida con cirugía reconstructiva, mediante combinación de extirpación de bridas cicatriciales, plastias de tejidos blandos, injertos cutáneos, alargamientos tendinosos y reducción de articulaciones luxadas, técnicas que se realizan habitualmente en nuestra unidad.

Y la firma el Dr. Rodriguez Yuste, de la Unidad de Cirugía Ortopédica Pediátrica del Complejo Hospitalario Infanta Cristina de Badajoz.

Y, al final, la puntilla:

  1. Dámaso Villa Mínguez, Director Gerente del Servicio Extremeño de Salud de la Junta de Extremadura. Certifica. Que el Servicio Extremeño de Salud asumirá los gastos médicos y quirúrgicos que se originen en la Unidad de Ortopedia Pediátrica del Hospital Materno-Infantil de Badajoz, como consecuencia de la intervención quirúrgica que realizará el Dr. D. Constantino Cabrera, Traumatólogo Infantil de dicho Hospital, al niño Momodu Fofanah procedente de Kamabai (Sierra Leona) que llegará acompañado por el Dr. D. Federico Gerona del Campo. Y para que así conste, firmo la presente en Mérida a once de marzo del dos mil ocho.

Sin comentarios. Cuando a uno le regala Dios algo así, solo queda dar las gracias y rezar para que siga enviando ángeles a su mundo.

Naturalmente, ya he comenzado los trámites necesarios para conseguir el visado de Momodu y hacer realidad el sueño de que vuelva a caminar y a reír.

Sábado, 22 de marzo del 2008

Concelebro la Vigilia Pascual con Manuel en el Santuario. Asiste muy poquita gente, supongo que porque es de noche y no pueden lucir los vestidos nuevos. No sé hasta qué punto entienden la importancia de la Resurrección de Jesús: sin ella nuestra fe no tendría sentido. Los niños se duermen y despiertan sobresaltados cuando los tambores atruenan el aire con el Aleluya.

Nos damos un abrazo: Felices Pascuas. Estamos contentos de estar juntos y se nos nota.

Los versos de Jorge Debravo siguen siendo verdad:

En el punto más negro de la noche, comienza a amanecer.

También amanece en nuestra tierra.

Domingo, 23 de marzo del 2008

Me toca la misa en el Santuario de la Virgen y voy contento. El Toyota se va llenando de gente sonriente luciendo sus mejores vestidos. Siempre me he preguntado en qué parte de la baffa guardarán unos trajes tan elegantes e impecablemente planchados. El colorido te estalla en los sentidos.

-Grandpa has no shoes (Grandpa no tiene zapatos), me suelta un rapazuelo.

Me miro los pies, y la verdad es que no tengo vergüenza: las mismas chancletas de siempre. En fin, prometo enmendarme para el próximo año y lucir mejor pinta, porque la verdad es que desentono un poco.

Disfruto en la homilía compartida. La Resurrección de Jesús da sentido a todas nuestras angustias, a todas nuestras luchas, a todas nuestras frustraciones. La muerte, el dolor, la miseria, el hambre…, no tienen la última palabra. Y ni ojo vio, ni oído oyó lo que les espera a los que luchan por la paz y la justicia.

Miro a mi pueblo con ternura, incluso se me humedecen los ojos de verlos tan guapos a pesar de no haber desayunado churros con chocolate como hubiese sido de rigor.

En el momento de la paz, nos deseamos happy Easter hasta la saciedad. En cada abrazo que doy, os envuelvo a todos y cada uno de vosotros, mis hermanos y amigos.

En la comida, Manuel y yo nos hemos dado la licencia de abrir una lata de melocotón en almíbar y un chorizo. Nos sabe a gloria y nos acerca a los sabores del terruño.

Me llama mi hermana y me nota especialmente contento.

-Estoy bien, no os preocupéis, le digo.

Incluso me permito hacer patria con una siesta de aquellas de pijama y orinal que decían los antiguos, mientras vienen nuestros hermanos de Kamalu.

Todo el gozo pascual en un pozo. Parece que el mosquito no sabe de tiempos litúrgicos, ni de descansos bíblicos. Voy a contrapelo de Jesús de Nazareth: El resucita y yo parece que me estoy muriendo. Me resisto a aceptar que me he contagiado con la octava malaria y decido esperar al día siguiente para empezar el tratamiento. Y es que el lunes vienen las hermanas de Lunsar, los doctores catalanes voluntarios de Mabesseneh, el Honorable, el Hno. Bruno… En fin, que maté 3 chivos, somos 30 a comer, y no me quiero perder la fiesta y privarme de un vino joven que me envió mi cuñado Jesús por culpa del artesunate y la amodiaquina.

Por la noche, la penitencia: vómitos, escalofríos, fiebre… Algo así como un anticipo del Purgatorio que con mis pecados me he ganado a pulso.

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Lunes, 24 de marzo del 2008

¿Y ahora cómo hago yo para quitarme esta cara de moribundo y estos temblores incontrolables? Me tomo las pastillas tempranito, y decido olvidarme del tema.

Las visitas llegan a las 12 en punto, como el cohete sanferminero. Es una delicia ver a las hermanas clarisas (¡y eran 14!) bajar las bolsas: empanadas, arroz con verduras, no el mazacote blanco de cada día, chivo hasta decir basta, refrescos, piñas… Vaya, que a uno le bastaba con poner el apetito. Pero ni eso me dejó el carajo mosquito. Esto de carajo es una concesión al filtro inquisidor de Rodri, porque quien me conoce habrá leído entre líneas el jodido mosquito. Y leyó bien.

Me ha encantado que se animase a venir el Dr. Manuel Viejo. Es un hombre sencillo, servicial y bueno, que no es poco. Le pregunto al oído si me puedo tomar unos vinos, y me dice que si hace más de tres horas que me había tomado las pastillas, que sí, pero sin abusar. ¡Bien!, algo es algo.

Hemos comido a la sombra del árbol de mango. El Honorable, parecía un obispo de visita pastoral rodeado de sus religiosas. ¡Qué les habrá contado a las pobres hermanas! Porque humilde, lo que se dice humilde, lo es tanto como yo.

Han comido con nosotros los albañiles, los carpinteros, Medo…, y no había forma de acabar con los chivos.

Se van a las 6 de la tarde con el compromiso de juntarnos más veces y no esperar a que llegue la Pascua. También se van Manuel, Abraham, Edgar y Joseph dejándome un agujero en el alma. Habíamos planeado con antelación un viaje a la playa para despedir a Joseph como Dios manda. Vuela el próximo miércoles a Londres, y de ahí a Filipinas para asistir a un curso de renovación, y se le ve contento. Me dijo que ya necesitaba un poquito de distancia y de descanso para retomar el trabajo con ganas. Y es que, amigos míos, África te va minando las fuerzas a una velocidad vertiginosa.

Han hecho el último intento para que me una al grupo, y sé que lo hacen de corazón porque nos encanta estar a todos juntos. Pero creo que sería más una carga que otra cosa, y no quiero aguar la fiesta. Mordiéndome los hígados, decido quedarme, hacer caso al médico, y atiborrarme de pastillas. Prometo a Joseph no perderme el recibimiento, y nos damos un abrazo.

-¿Vas a volver?, le pregunto.

-Por supuesto que sí, me dice, te lo prometo.

Algo se muere en el alma cuando un amigo se va, reza la copla. Será por la malaria, pero hoy se me hace más pesada la soledad. Decido encerrarme y descansar, y le pido a Medo que haga de perro guardián de la propiedad.

 Miércoles, 26 de marzo del 2008

Me llama Manuel desde la playa diciéndome que no vuelan los helicópteros y que deben pasar a Joseph en ferry a Lungi. Deciden que sea Edgar el que lo haga, y Manuel, Abraham, Nancy y Maiyelis regresan por la tarde a Kamabai. Le digo que no se preocupe, que me siento mejor, que disfruten…, pero es una mentira así de grande. La verdad es que me encanta que regresen, porque esta vez el mosquito me está zarandeando de lo lindo.

Traen barracuda, un pescado delicioso, y la sopa que preparan me sabe a gloria.

Jueves, 27 de marzo del 2008

He terminado el tratamiento anti malaria, pero no baja la fiebre. Después de la consulta médica pertinente, me dicen que me contagié con el unknown virus, y que debo tomar antibióticos una semana completa. El pacharán deberá seguir esperando.

Los siguientes días, no tienen historia, o si la tienen la tendría que contar Manuel. Yo estoy enjaulado y malhumorado en casa porque en cuanto quiero hacer algo me come la fiebre. Parezco un guardagujas de la RENFE levantando la bandera dando las salidas: Manuel, necesitan cemento en Bumbamkakendehka…., Manuel, hay que recoger madera en Kanikay…, Manuel tienes que llevar al técnico de los pozos a Kamoi… Y Manuel, que es un pedazo de pan, corre de un lado a otro sin una mala cara, y mandándome a descansar cada vez que intento ayudarle en algo.

 Domingo, 30 de marzo del 2008

Aumenta la familia. ¿Recordáis el gato musulmán que me regalaron los de Senkuya? Comentaba con Manuel que últimamente como que estaba engordando mucho. Son tantos los líos que tenemos en la cabeza que a ninguno de los dos nos dio por confirmar el sexo del animal. Y hoy nos sacó de dudas: a la hora del futbol ha parido tres hermosos michinos, y lo hizo en la sala ante nuestras propias narices. Buena madre sí que lo es, porque los tiene más limpios que un sol. El padre, vete tú a saber. Pero en esta tierra las hembras saben muy bien lo qué es criar los cachorros ellas solitas.

Lunes, 31 de marzo del 2008

Me ha llamado Rafael Mediavilla para felicitarme las pascuas. Como me ha visto bajo de ánimo ha querido regalarme una llamada con Miguel Ángel Peralta. Sierra Leona, Amazonas y Madrid unidos de nuevo por el milagro del Skype.

¿Para qué engañaros?, me hacía falta la llamada. Voy a terminar creyendo que Rafael tiene el don de la oportunidad cada vez que se comunica conmigo.

Se llevan a Nancy y a Maiyelis para trabajar un par de días en Masanga, una antigua leprosería convertida en moderno hospital con la ayuda de Dinamarca.

Voy perfilando con mi sobrina Laura el viaje del Excelentísimo Sr. Alcalde de Viana, Navarra, (Goyo para los amigos) para inaugurar la escuela de Kamayusufu.

Le digo que tengo el virus desconocido, y se ríe. Y va y me dice que, después de haberlo agarrado tantas veces, como que ya es hora de que nos vayamos familiarizando. Graciosa la chiquilla, ¿no?

Oscar Mateos me ha conseguido la información necesaria en la embajada de Dakar para tramitar los visados de Liza y de Momodu. Parece que el milagro va a ser posible

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