Africa ken kahuthukuma oh keyan: Febrero 2008

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Viernes, 1 de febrero del 2008

Cumplo con la tradición de llamar a mi familia en el día de su cumpleaños. Hoy cumple años Mari, mi hermana “la pequeña”, y me llevo la sorpresa de que lo están celebrando todos juntos en Viana, lo cual me alegra. La llamada me pone un poco nostálgico: la sangre tira lo suyo, y no siempre es fácil la distancia de los que amas.

Sábado, 2 de febrero del 2008: Fiesta Patronal de Nuestra Señora de África.

Manuel y yo esperábamos este día con curiosidad. Después de tantos dimes y diretes comunitarios y de tanto cambio de líder, teníamos ganas de ver si eran capaces de organizarse. Al final, como siempre. La iglesia llena a reventar, el coro lo bordó, el almuerzo suficiente… Y, por la noche, baile de 9 a 5 de la madrugada. Todos bailaron y bebieron, y aquí paz y después gloria.

No tuvimos Obispo porque tenía compromisos adquiridos, pero tuvimos al P. Maka, originario de nuestra aldea de Kamagbengbeh, y toda una institución por este lugar. Les habló en limba y le aplaudieron. No sé qué les dijo, pero por los aplausos y las risas, les gustó.

Supongo que la experiencia fortaleció a unos, e hizo sentir a otros que nadie es imprescindible, pero todos necesarios. Y que la vida y las cosas funcionan a pesar nuestra. Y que nadie es el ombligo del mundo. Y yo me alegré infinitamente por ello.

A todos nos ha pasado algo parecido alguna vez. Yo creí que Chihuahua no podría vivir sin mi trabajo, y ahí sigue la Barranca del Cobre tan fresca. Pensé que nada sería igual en la Ciudad de los Niños sin el Pulga (o sea, yo), y van a cumplir 50 años mejorando día a día la atención al menor, y consiguiendo metas insospechadas en mi tiempo. Y todo por la dedicación absoluta de mis hermanos Agustinos Recoletos.

Uno va aprendiendo poquito a poco que lo mejor en esta vida es trabajar con ilusión donde Dios te lleve, y siempre pensando que el que te siga trabajará con la misma ilusión, e incluso mejor que tú.

Por eso estoy tranquilo, sé que estoy dando lo mejor de mí mismo en Sierra Leona, pero sé también que ni los años, ni las malarias pasan en balde, y que un día tendré que dejar en manos de un hermano la obra comenzada.

Martes, 5 de febrero del 2008

Félix me llamó a la 1 de la madrugada pero no quise contestar el teléfono. Cuando toma, le da por ponerse comunicativo y me vuelve loco. De todas formas no me quedé del todo tranquilo y he ido tempranito para Kamathoro a ver qué pasaba. Lo que pasaba era que el bueno de Mo había encontrado agua (¡por fin!) en Kamangbangbanranthan a 6 metros y medio de profundidad y le pidió a Félix que fuese yo a recogerlo para llevarlo a otra aldea. Parece que este año estamos teniendo más suerte con las excavaciones.

Lo he llevado a Kamayeh, y hemos saludado a Magnus al pasar por Kassassie II. Los del poblado están felices y colaborando en la excavación sin problemas.

Me ha llamado Gonzalo ya casi con las maletas hechas. Tengo unas ganas locas de que lleguen porque es muy diferente el contar las cosas por teléfono que el verlas con los propios ojos. Seguro que yo, al estar envuelto tanto en este mundo, he perdido algo de perspectiva y con frecuencia no puedo valorar la mejor forma de ayudar.

He llamado al Hermano de San Juan de Dios Manuel Viejo para decirle que me presentaba mañana en el hospital con dos pacientes: una mujer con un tumor, y el niño con los pies deformados por las quemaduras del que os hablé en el blog. Tiene operación a las 9:30, así que me toca madrugar.

Manuel se ha reunido con unos cuantos miembros de la comunidad para evaluar la fiesta del 2 de febrero y ver quien se robó las cajas de carne y los refrescos. Le digo que lo tenemos complicado, porque si pones un encargado de las llaves, necesitas a otro que controle al encargado, y a uno más para que controle al que controla al encargado. Al final uno termina sin fiarse ni de su sombra.

Mientras termina Manuel, llamo a mi hermana Isa para felicitarla por su cumpleaños. Le pregunto qué está comiendo, y me dice que encima de la mesa hay croquetas, tigres, setas con jamón picadito… ¡qué bien! Un sencillo tente en pie para antes de la cena. Me pregunta qué he comido yo, y ella misma se responde: arroz. Acertaste, hermana, pero con plassas y palm oil para que se te pongan los morros amarillos. El palm oil (aceite de palmera) es la razón por la que nuestra gente tiene la palma de la mano derecha amarilla. Ya os expliqué hace tiempo que la izquierda la usan para otros menesteres.

En la cena le comento a Manuel que he llevado a Kabakeh a unas cuantas mujeres de la Bondo Society porque esta noche sacan a las niñas del bosque. En el Canal Europeo de noticias muestran unos posters en los que la Comunidad Europea quiere sensibilizar a los países africanos en contra de la ablación. Decidimos pedir copias y comenzar a enfrentarnos abiertamente contra esa barbaridad, aun sabiendo que nos va a llover de todo.

Miércoles, 6 de febrero del 2008

¿El tiempo pasa volando o es que aquí en África corre un poquito más deprisa? El miércoles de ceniza se nos ha echado encima cuando Manuel y yo estamos todavía saboreando el turrón y el chorizo de la Peli. ¿Cómo explicar el sentido del ayuno y de la abstinencia a un pueblo tan acostumbrado a las privaciones? Nuestra gente no come carne más de una vez al mes, algunos ni eso, y la mayoría de ellos no hace más de una sencilla comida al día. Por otro lado, el compartir es en ellos algo natural. No he visto nunca a nadie que, a pesar de su hambre, no comparta la galleta, el pan con mermelada, o el plato de arroz que yo le he dado.

Viene esto a cuento porque en la casa de los Hermanos de San Juan de Dios de Mabesseneh me robé 3 magdalenas para dárselas a los que había llevado al doctor. Los tres tenían hambre, pero solo el niño se la comió.

-¿No te gusta, Dora?

-Es para mi hermanito pequeño, Grandpa.

Así de simple y de hermoso: lo más importante no es mi hambre, sino el hambre de mi hermanito, y una magdalena es un preciado tesoro que puedo llevarle como regalo. Yo, con su hambre, me la hubiese comido, lo siento, pero es así.

He salido a las 7 de la mañana para el Hospital de Mabesseneh con Fatu, Dora y Momodu.

-Vete a la casa a tomarte un café mientras llega la luz, me ha dicho el Hermano Manuel.

Les he dado un dinero para que desayunasen, y yo me he tomado un nescafé con un pedazo de tortilla de patata que me ha sabido a gloria. Es cuando he aprovechado para robarme las magdalenas.

Con el dinero que les di compraron una lata de sardinas, un pan, un huevo duro y un refresco para cada uno. Les pregunto si les gustan las sardinas, y me contestan que es ayuno y hoy no se come carne. Sonrío con ternura porque sé que ayer tampoco la comieron, ni antes de ayer, ni el día anterior. Estoy seguro de que ni se acuerdan la última vez que lo hicieron.

Manuel me confirma el tumor de Fatu y me dice que la puede operar el día 22, así que quedamos en internarla el día anterior. Después de ver las radiografías de los pies de Momonu me da una pequeña esperanza de que al menos pueda caminar con bastante normalidad. Supongo que ahora comienza el viacrucis para conseguir mandar al chiquillo a España, pero me he propuesto hacer todo lo posible por lograrlo. ¡Y lo voy a hacer!

Volvemos a Kamabai. Me dan cien mil veces las gracias. Al pasar por Makeni he comprado dos sacos de arroz de 25 kilos cada uno (11 euros por saco) y se los he dado a Fatu y a Dora para que al menos coman unos días decentemente. También les he comprado pan, que se que les encanta. Y a ninguna de las dos le ha dado vergüenza llorar. Otra vez mil gracias. Las gracias, por supuesto, son para vosotros, que al fin de cuentas sois los que alimentáis nuestra cuenta corriente en el BBVA. Yo simplemente soy un puente entre vuestra generosidad y los pobres. Y estoy contento porque he hecho lo que se que cualquiera de vosotros hubiese hecho en mi lugar: dejarme llevar por el corazón.

Al llegar a casa de Momodu, me han pedido ver las fotografías (radiografías) de sus pies. Nunca antes habían visto algo igual, y me ha rodeado todo el vecindario palmoteando asombrados, sin entender muy bien cómo una cámara de fotos podía retratar los huesos.

Jueves, 7 de febrero del 2008

Salgo con Manuel para Freetown a las 6 de la mañana. Vamos con intención de regresar el mismo día, después de hacer unas pequeñas compras y de reunirnos con Yapoh Conteh y el Dr. Arístides. Queremos ver la forma de que los doctores cubanos se instalen y trabajen en Kamabai.

El Dr. Arístides cuenta cosas que te ponen los pelos de punta. Es cirujano vascular, pero lo tienen operando apéndices porque no disponen de instrumental quirúrgico. Dice que, por primera vez, el Ministro de Salud es cirujano y quiere hacer una reforma seria del sistema sanitario. Pero que lo tiene difícil. Y dice también, que se tiene que salir de alguna operación para no sentirse responsable de la carnicería que están haciendo. Sin comentarios.

Hablamos con Yapoh de política, y alucino. La mayoría de los ministros tienen casa y familia en el extranjero, pero acudieron presurosos a la llamada presidencial para servir al pueblo que tanto aman. Eso sí, no escatiman en viajes para ver a los suyos: Washington, Los Ángeles, Londres… Me enseña las fotografías que le tomé decomisando la madera y que mostró orgulloso al Ministro de Agricultura para que sea consciente de sus desvelos por el cumplimiento de la ley. Insiste en que debemos trabajar unidos por el desarrollo del Biriwa Chiefdom, y me dice que necesita un ordenador portátil. Le guiño el ojo al Dr. Arístides, para que tome nota del pájaro pinto con el que estamos hablando.

Lo mejor de todo es que el doctor está convencido de que el lugar donde realmente pueden realizar un trabajo en condiciones disponiendo de los medios necesarios es Kamabai. Y en Cuba están interesados en que se vea algún fruto de la presencia del equipo médico a corto plazo. A nosotros nos viene bien. Yapoh queda encargado de conseguir una cita con el Ministro de Salud Pública, antiguo compañero suyo de estudios en el Saint Francis de Makeni.

De regreso, visitamos en el Government Hospital de Makeni a la muchacha que llevó Manuel con problemas de parto. Nos dicen que el niño murió, pero que la madre está bien. La saludamos un momento y le dejamos algo de dinero para comer.

Hace unos días, la BBC dio unas cifras escalofriantes: 1 de cada 4 niños muere en Sierra Leona antes de cumplir los 5 años. Y que 1 de cada 8 mujeres muere en el parto, lo que significa que tenemos la tasa de mortalidad más alta del mundo. Para nosotros, desgraciadamente, no son simplemente cifras. Correr constantemente intentando hacer frente a tan macabra estadística, es nuestro pan de cada día. Y la mayoría de las veces llegamos tarde. Y quien se muere no es el numero 1, o el 2, o el 3, o el 4… Se muere Momodu, o Ibrahim, o Fatmata, o Foday… Y se nos parte el alma en mil pedazos. Y lloramos de rabia e impotencia. Pero Dios sabe lo que hace, y algún día nos lo explicará todo. Nunca como ahora he creído tanto en la vida eterna. Es ya no solo cuestión de amor (y lo más hermoso que se ha dicho de Dios es que es Amor), sino de justicia. Debe de existir un lugar donde los que hoy lloran sean consolados, y los que tienen hambre sean saciados. Debe de haber un lugar donde nadie toque a tu puerta diciendo no rice today (hoy no tuvimos arroz). Un lugar donde las armas se conviertan en arados, y el dolor en danza. Un lugar donde tendrán únicamente carta de ciudadanía quienes tengan entrañas de misericordia, y sientan en carne propia el dolor de cada hombre en cada rincón de la tierra. Con esa esperanza me duermo.

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Lunes, 11 de febrero al lunes 18 de febrero del 2008

Esperaba la visita de Gonzalo, Pablo y Carlos con verdadera ilusión. Y el gozo de la espera fue nada comparado con el del encuentro. Dejadme que os cuente la visita sin orden cronológico, a flashazos, como yo la viví.

A Royal Air Maroc le ha dado por aterrizar a una hora intempestiva: las 5 de la madrugada. Dado que a esa hora no hay ferry para cruzar de Freetown a Lungi, no nos queda más remedio que llegar al aeropuerto por carretera (¿?), vía Port Loko. Le pido a Medo que me acompañe y salimos el domingo, a las 11 de la noche, bajo un aguacero de los que Silvio Rodríguez llamaría en venganza. Nos perdemos en Port Loko porque la lluvia nos impide absolutamente orientarnos. Milagrosamente encontramos a alguien bajo un porche y nos indica el camino correcto. Miro al reloj: son la 1:30 de la madrugada, lo que significa que me toca hacer una perfecta etapa cronometrada tipo Carlos Sainz si quiero llegar a tiempo. Volamos en el fango. Medo solo me mira, e incluso creo que reza en musulmán porque se frota la cara con las manos. Llego al aeropuerto a las 5 y me dicen que el avión aterriza en 20 minutos. El tiempo justo para ponerme en contacto con Salifu Conteh (el oficial de migración originario de Kayonkro, una aldea de mi parroquia) y pedirle que me ayude a rescatar a mis amigos del comité de bienvenida, y ponerlos sanos y salvos, con el equipaje intacto, en el Toyota.

Cruzamos a Freetown en el primer ferri y observo complacido cómo se van empapando poco a poco del bullicio y del colorido de los mil vendedores ambulantes que abarrotan el ferri con sus canastas llenas de plassas, plátanos, pescado seco, relojes originales, perfumes de Paris, tarjetas telefónicas Celtel, Tigo, Afritel… Les sonríen con una sonrisa amplia, de dientes inmaculadamente blancos. Y lo de siempre: se encuentran, por supuesto, a su mejor amigo perdido en este destartalado y listo para el desguace ferri libanes.

-I’d like to be your best friend, give me money (me gustaría ser tu mejor amigo, dame dinero).

Te lo dicen, y se quedan tan anchos.

Tenemos cita con el Honorable en Roy restaurant. Este hombre se apunta a un bombardeo con tal de comer gratis. De ahí, a Kamabai.

Quieren saberlo todo, verlo todo, hablar con todos, saborearlo todo… Y se toman sus pastillas, untándose con ungüento anti mosquitos, con asombrosa puntualidad.

Pablo no suelta la libreta y acribilla a preguntas a todo el que se le pone a tiro. A mí, me hizo más preguntas que un oficial de Migración de Estados Unidos a un chicano. Quiere hacer un análisis de la realidad lo más fiable y completo posible, y ver la mejor forma de diseñar un proyecto a largo plazo. Elige para el proyecto un nombre que me gusta: Pikines (Niños, en criol). Incluso piensan diseñar una página web: http://www.pikines.org.

Intentamos que se hagan una ligera idea de lo complejo de nuestro trabajo y preparamos un programa que incluya visita a escuelas, marcha a una aldea del interior, entrevista en el Politécnico de Makeni con el director del Centro, reunión con la Asociación YOWGAD, a la que pertenece Princess Hanah Musa, una de las muchachas a las que estamos financiando los estudios desde la misión. La Asociación se dedica a luchar por los derechos de la mujer y, especialmente, a informar en las aldeas de que realizar la ablación del clítoris antes de los 18 años, está penado con multa y cárcel por la ley de Sierra Leona.

Gonzalo se va en moto con Medo para ver comercios de materiales de construcción en Makeni. Saca fotos, pregunta el valor de las piñas por si se pueden exportar, se acerca a la cantera de granito y vuelve con los bolsillos llenos de piedras de diferentes colores. Y, ante el asombro de todos, deja literalmente sin Fanta de naranja a todo el Biriwa Chiefdom. ¡Qué forma de beber refrescos! Dice que saben distintos, y se surte de una buena provisión para llevarse en la maleta para España.

Carlos mide y remide la propiedad. Con una cucharilla de café y un pedazo de cartón se han hecho un medidor de línea de niveles de alta tecnología. A mí me da risa, pero funcionar, si que funciona. Medo se sorprende ante el ingenio de mis amigos y no se aleja de ellos ni medio metro en los siete días que dura la visita.

-I’m learning bocu, Grandpa (estoy aprendiendo mucho), me dice.

La noche se presta a las confidencias. Nos cuenta Pablo que hace ya muchos años, estando colaborando con las religiosas de la Madre Teresa de Calcuta en Nairobi, estaba tocando la guitarra y vio acercarse un bulto arrastrándose por el suelo.

-Me parecía un perro, dice.

Luego, a la claridad de la luz, se dio cuenta de que el bulto era una niña jorobada y deforme. Se preguntó si merecía la pena vivir en esas condiciones, si era justo regalarle a uno una vida así.

-Luego, la niña,  me sonrió. Y sentí que alguien me tocaba el corazón y cambiaba mi vida. Y que su sonrisa le daba sentido a todo, y que merecía la pena vivir… Y desde entonces estoy embarcado en la aventura de poner un poquito de esperanza en el corazón de los pobres. Y he rodado por el mundo hasta llegar aquí, a Kamabai, al centro mismo de la miseria. Y en la sonrisa de los pikines he encontrado suficientes motivos para seguir creyendo y seguir luchando.

Todas las mañanas nos juntábamos en la Eucaristía del Santuario, y Manuel y yo nos sentimos más llenos, más acompañados. Y di gracias a Dios de ver cómo nuestra gente les iba robando poquito a poco el corazón. Porque sé por experiencia que si África te anida en el alma, es para siempre. Y para siempre y grabadas a fuego quedarán en su memoria la marcha a Kamangbangbanranthan y sus danzas, la Eucaristía de Bumbamkakendehka y el momento de la paz, las canciones limba de bienvenida en la escuela de Kabakeh y la sonrisa de los niños…

Hicimos el camino de regreso a Lungi sin lluvia, pero con el corazón encogido. Mi vida está llena de encuentros y despedidas, pero sé que la presencia del amigo crece en la distancia como el eco en las montañas y las flores en primavera. El adiós es una palabra sin sentido que diría Kalil Gibran.

Hasta siempre, amigos. Dejasteis huella profunda en los corazones de nuestra gente, Makeni sin fanta, y nuestro porche sonando a Bamba y Poropopero. Que se repita.

¡Ah!, se me olvidaba, Gonzalo: nunca olvidaré tu maravillosa paella. Por el corazón que pusiste en ella, quiero decir.

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Jueves, 27 de febrero del 2008

Yo no sé qué me pasa que estoy medio histérico. Bueno, sí que lo se: que las paredes de la casa no están a nivel, que no me entregan las puertas, que al que vino a poner las baldosas le di la herramienta apropiada, y la miró como mirarían una cuchara en Kabogsona. O sea, como diciendo… y esto,  ¿para qué sirve? Solo para que os hagáis una idea: Vi como Martí, un buen amigo de Little Flower me ponía el piso de la iglesita, y con solo verlo, pongo yo las baldosas mil veces mejor que el pájaro pinto que me encontré. ¡Y me dice que tiene 30 años de experiencia!

No funciona el camión de Abdul Hassan, aquel que se me iba de espaldas en las cuestas de Karena. Llevo una semana con fiebre, y como no es malaria, pues será el bendito virus desconocido, o vete tú a saber. Y parece que les ha dado por enfermarse a todos a la vez, y hacernos correr al hospital. Menos mal, que las vísperas me las rezan las monjicas de Chiclana de la Frontera, que si no…

Ha venido a saludarme Yeabu. Me trae los zapatos desechos. Medo le consigue unos nuevos en la bodega y se le ilumina la cara.

-Today I’m really hungry, Grandpa, me dice la chiquilla.

Que Yeabu me diga que hoy realmente tiene hambre, significa que no ha comido al menos en un par de días. Vive de prestada en casa de una tía, en Kamabai, y la cruda realidad es que el saco de arroz ya está por los 90 mil leones, y nadie puede darse el lujo de tener huéspedes. A pesar de todo, me dice que ahora puede estudiar porque no tiene que caminar todos los días desde Kamathoro.

Le he sacado un plato de arroz con carne, y lo ha devorado en un abrir y cerrar de ojos. Dejadme que insista en la sonrisa de agradecimiento que me ha regalado, porque el verla sonreír alimenta el alma.

He ido a enviar un par de correos a Makeni, pero que si quieres arroz, Catalina. Lo curioso es que si me han entrado.

Pablo me ha enviado un montaje con las fotos que tomaron, y  me ha sacado las lágrimas. Lo que Pablo, Gonzalo y Carlos no saben es que han sido un autentico regalazo de Dios para nosotros. Que los chavales siguen pidiendo la Bamba, y que se nos hicieron muy cortos los días, pero muy intensos. Dice Pablo que tenía miedo, que no era fácil viajar al África profunda, a la miseria, al miedo…, pero que su experiencia se convirtió en un viaje al fondo del corazón y de la sonrisa.

He pasado por el hospital para ver cómo seguía el muchacho que se cayó de la palmera. Me dice el doctor que no hay nada que hacer, que tiene la columna dañada, y me ha dado un bajón. Su madre, me ha vuelto a besar las manos, susurrándome mil cosas en limba. Pero mis manos no pueden hacer milagros. Y no sé qué hacer.

Vuelvo a casa cariacontecido. Medo sale a mi encuentro riéndose con una cría de bataha en los brazos.

-Por fin, Grandpa, le hemos encontrado novio a Mandi.

Es realmente precioso y se ve con buena salud. Le llamo Bui (fuego en limba) en honor de su predecesor. Vuelta al biberón. Mandi lo olisquea curiosa, espero que no se ponga celosa.

Me llama el Dr. Arístides diciéndome que ha logrado en el Ministerio que acepten el que los doctores cubanos se vengan para Kamabai. Manuel se ofrece a salir a las 4 de la madrugada para traer a Nancy y a Maiyelis. Desde el próximo día 28 de febrero, contaremos con su presencia continua.

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